Este arbusto leñoso es muy abundante en nuestras sierras; tal vez la planta más abundante de cuantas nos rodean. Esta planta, fácilmente reconocible, tiene unas flores muy grandes y blancas, entre 8 y 10 cm. de diámetro. Dentro de ella, en la base de sus pétalos destacan unas manchas purpureas.
Crece en terrenos ácidos de cuarcitas y granitos. Son unas buenas indicadoras de la pobreza del terreno que colonizan. Los estambres de la flor producen una gran cantidad de polen atrayendo a los insectos para su polinización. Toda la planta está impregnada en una sustancia pegajosa, el ládano, de ahí que la conozcamos como "pringosa" y su apellido científico, "ladanifer". Para extraer esta goma pegajosa se utilizaba un rebaño de cabras a las que les hacían pasar en repetidas ocasiones por el jaral. Posteriormente cepillaban el pelo de las cabras recolectando así el ládano.
Su fruto, una cápsula dura leñosa es muy apreciada por los ciervos en el verano.
Esta planta fue muy usada hasta no hace mucho. Su tronco era utilizado para la realización del picón para los braseros de nuestras viviendas. El ládano se emplea como fijador de esencias en perfumería. En medicina era usada como sedante así como para determinados emplastes y en alimentación para la cocción del pan en las panaderías o tahonas que le añadía su característico olor y sabor. El acervo popular religioso identifica las manchas rojizas de sus hojas como las cinco llagas de Cristo.
En la actualidad está practicamente en desuso y se encuentra protegida por la ley.
Jara pringosa (Cistus ladanifer)

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